¿De dónde salió tanto taller?

Por: Andrés Villa

Desde hace un par de años, cada vez en aumento, he notado la aparición de diferentes tipos de talleres relacionados con las áreas del arte y del diseño. Taller de ilustración, de muralismo, de curaduría, de lettering y otros tantos con unos nombres un poco rebuscados. ¿De dónde salieron tanto taller y tantos talleristas? No voy a responder esta pregunta. Al contrario quiero poner otras preguntas más sobre la mesa.

Los talleres por lo general están compuestos por tres partes. La persona encargada de dar el taller, los asistentes y el lugar en el que se ofrece dicho espacio. Comencemos por la última parte mencionada: el lugar. Algunos se prestan en instituciones reconocidas como universidades, bibliotecas o entidades gubernamentales; pero también, y específicamente a estos es a los que me refiero en este texto, en pequeñas casas y otros espacios culturales emergentes. Llama la atención que se estén fomentando este tipo de espacios, que de alguna manera expanden la accesibilidad a los distintos saberes, pero ¿siginifica esto que la oferta de las universidades y demás entidades reconocidas se está quedando corta? ¿hay una demanda de conocimientos que no está atendida? o ¿simplemente son la comprobación de que hay una falta de accesibilidad? Abrir un espacio siempre es un buen acto en este mundo egoísta. El problema es que no sabemos con qué intereses lo hagan quienes lo hacen, tampoco si los contenidos ofrecidos son buenos y sustanciosos o si más bien son otro tipo de aquellas pequeñas y polémicas instituciones de garaje donde estudiantes ingenuos van a perder su platíca con la promesa de un mejor conocimiento.

Ahora pasemos a los asistentes.¿ A quiénes van dirigidos estos talleres? Bueno, si alguna carencia he notado en la publicidad que veo en redes sociales de estos espacios es precisamente esto. Por lo general, al momento en el que se oferta un taller se establece un perfil de la persona que debería estar interesada en tomarlo. Esto ayuda a que la persona pueda saber con anticipación si en realidad le conviene o no tomar el taller. La ausencia de un contenido como éste crea las dudas acerca de la planeación y los objetivos del espacio. La palabra dinero comienza a aparecer de manera latente. O desde otro punto de vista, ¿es acaso irrelevante determinar algún tipo de prospecto?, ¿es para cualquiera?, ¿no son necesarios ningún tipo de conocimientos previos o intereses?

Por último: los talleristas. ¿Quién tiene las características necesarias para serlo?¿Basta hacer un buen trabajo? Por lo general se percibe un auto-investimento. En algunos casos ha bastado apenas un par de años para ocupar el puesto.El trabajo en redes sociales, los contactos y alguna que otra rosca por ahí, también han sido claves. Comportamientos que de manera sencilla permiten ver el aura general de todo el asunto.

Estoy seguro que como en todos los casos, hay excepciones. Es seguro que hay quienes tienen el criterio, la experiencia y el conocimiento necesario para ser un buen tallerista. También  hay entidades, parches y espacios que lo hacen sin otro interés más que el de compartir un conocimiento con los demás, por lo que se toman el tiempo de invertir en la organización, adecuación y logística necesarias para el momento. Aunque en este punto soy un poco más escéptico, me imagino que hay a quien el asistir a uno de esos tantos talleres le ha servido bastante, lo ha motivado o le ha complementado sus conocimientos. Pero me queda la duda de si estos espacios no son más que la expansión del modelo educativo neoliberal, el cual contribuye a la confusión (hoy todos quieren ser y hacer de todo) y a la perpetuación de la educación como lucrativo negocio, donde estar preparado significa haber gastado más tiempo y más dinero.

¿En realidad se justifican estos espacios?¿Son necesarios?

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