Diez Cero Uno Graffiti Respect Bogotá 2018/2019

El 22 de julio de 2018 me desperté como cualquier domingo a mirar mi celular. En Facebook, el títular Tres Graffiteros Mueren Arrollados en el Metro de Medellin, que publicaba Caracol Radio, me dejó helado. Echando cabeza, unos días atrás en una reunión, alguien me dijo que los VSK habían ido a pintar el metro. No quise pensar en eso hasta que estuviera verificado, pero después de un rato, en Instagram y en Facebook, personas de la escena comenzaron a hacer publicaciones en sus cuentas refiriéndose al tema y verificando que sí habían sido los manes que habían viajado desde Bogotá.

Tal vez hace 10 años o más, mientras Saks hacía un tag en una pared recién pintada de blanco, un hombre cruzó la calle dirigiéndose a él con una pistola en la mano. Lo agarró del saco y lo haloneó mientras lo insultaba. En eso, apareció una patrulla de la policía y el hombre lo entregó a ellos. Desde entonces varias veces he pensado en la idea de morir haciendo un graffiti. Thug había sido arrastrado por la corriente de un caño mientras pintaba también este mismo año y no podemos olvidar lo que le había pasado a Tripido en agosto de 2014. ¿Vale la pena morir por pintar un graffiti? Era lo que me preguntaba. Y siempre, como en todo, hay distintas formas de abordarlo. 

Las personas ajenas al mundo del graffiti que sabían lo ocurrido en Medellín lo califican como una estupidez. Como siempre, hablar desde afuera es muy sencillo. Hay que ver los cientos de comentarios desafortunados que expresaban alegría por la muerte de los escritores. Y aquí sale un tema muy importante del que quisiera hablar en otra publicación más adelante: ¿Tiene sentido el graffiti? A simple vista, desde el punto de lo productivo o lo útil parece no tenerlo. Es más, evaluado en esos términos es, en general, una pérdida. Tal vez por esto es muy difícil que un ciudadano del común pueda llegar a identificarse con un graffiti (en esta categoría es imposible que entre cualquier mural decorativo) y mucho menos con la persona que lo hace. 

En el graffiti es otra cosa. No sólo en esta disciplina, sino también en otras como los deportes extremos, tiene algo de honorífico “morir en su propia ley”. Ya varias historias han reforzado la idea de que no es tan malo morir si se está realizando una hazaña. Hay quienes incluso se sienten orgullosos de pasar tiempo en la cárcel por causa del graffiti. Para una persona que en realidad está metida en este mundo, éste se vuelve su vida, su razón para existir. 

Aquí de nuevo podemos volver a lo del sentido, porque ya no sería, “morir haciendo un graffiti” sino “morir haciendo lo que le da sentido a la vida”. Entonces tenemos otra manera de ver lo que sucedió ese domingo en el metro de Medellín. Queda de lado, si lo que estaban haciendo era socialmente aceptado o no, si era legal o no. Todo esto se anula. 

Pero ellos (Skill, Suber y Shuk) no murieron solo haciendo lo que les gustaba. Todos sabemos la historia de estos tres personajes en el writing. Sin planearlo así, llegaron al punto más alto que puede haber en el graffiti y es convertirse en lo que en la jerga de la escena se denomina un King. Si nos ponemos a revisar la historia del graffiti en el país, la cosa por aquí ha sido tan nueva (así medios y empresas juren y re juren que Bogotá es la capital universal del graffiti) que en realidad hasta hace poco no teníamos ningún máximo exponente. Tampoco habían muchos hitos importantes a excepción de los momentos de muerte. Teníamos una línea de tiempo vacía, con pocos momentos interesantes, pero que iba avanzando.  

Es paradójico que se alcance el punto más alto de una “carrera” como escritor en el momento de la muerte. Aunque lo de Tripido y Thug fue un gran golpe para la escena del graffiti, lo de los los escritores que murieron en Medellín es diferente por su contexto: un metro ilegal en manos de uno de los parches vandal más serios que ha tenido la capital. Para los que saben, esto nunca será poca cosa. CES de 109’s una vez dijo en una entrevista que el propósito de su parche era el de ser inmortales. En Bogotá ya por lo menos hay tres escritores que lo lograron. Y no lo digo yo, lo dicen las calles que, de la mano de sus compañeros de parche y de otros escritores que ofrecen su respeto, los muestran inmortales en firmas, piezas y bombas. 

***

Parecería innecesario, pero es importante mencionar que esta muerte hizo que el VSK cambiara para siempre. No sé si deba decir que es un nuevo parche o si es un parche que atraviesa un momento diferente. Una muy desafortunada, pero coincidencia al fin y al cabo, es que los nombres de los tres escritores fallecidos comenzaran con la misma letra. En el graffiti writing las letras son una especie de todo. Son el objeto de estudio de quienes lo práctican. A ratos las llenan o las vacían de significado, pero siempre están presentes. 

Ya muchas veces se ha escuchado la inoficiosa pregunta de: “¿Cuál es el significado de sus letras?”. En lo personal, cada quien es libre de otorgar los significados que quiera. Pero indudablemente, sin necesidad de hacer un análisis detallado, es sencillo llegar a la conclusión de que las letras más cargadas de significado y al mismo tiempo de símbolo que existen en la escena del graffiti colombiano son las tres “s” que están presentes en los distintos VSSSK que han comenzado a aparecer desde entonces. Éstas, le otorgaron un nuevo valor a esa letra-sigla o de alguna forma la cambiaron por completo. 

Allí es donde es más evidente el cambio del que hablo, tanto visualmente como a nivel semántico. En lo visual podemos hablar de un elemento repetitivo, también de una extensión e incluso de algún sentido de la insistencia. En lo semántico, el conjunto de letras VSK adquiere una actualización o un cambio. La parte del parche que quedó en este plano, generó a través de la adición de dos letras estos evidentes cambios. Buscando la permanencia de aquellos miembros que no están, generó un graffiti lleno de historia. VSSSK aparece de un evento desafortunado, pero ratifica la permanencia de quienes ya no pueden salir a pintar una noche, a través de quienes sí pueden hacerlo. Sus miembros no han perdido la conexión, siguen siendo un solo grupo. 

 

P.S. Quiero hacer un reconocimiento especial a todo el trabajo realizado por Skill, uno de los mejores escritores que ha tenido y que tendrá Bogotá. Tomar el tiempo de dedicarse al graffiti, hacerlo de manera imparable y con altura, pero al mismo tiempo proponer desde la documentación, desde la movilización cultural y desde la divulgación, no lo hace cualquiera.

 
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