Nombres Enmascarados

Por: Señor OK

El segundo nombre ha sido casi una necesidad para quienes pintan en la calle, el seudónimo es una manera de tener una identidad paralela, tal vez más refinada y más oculta que por cuestiones prácticas como la policía, los familiares, y novias muy castas, se vuelve conveniente. Nadie firma con su nombre de pila, se buscan o se inventan algunos para que a partir de esa invención o adaptación sean conocidos los que pasan las noches, rayando, incansables, sus nombres ficticios en la calle. Casi nadie pone Juan David Perdomo, por cuanto lugar pase y más bien se inventa algo como Choneto, Saga o Fire, es más conveniente y más ágil pues se necesitan menos letras, es decir menos tiempo para dejar una marca, un tag. Y en todo caso ya hay una tradición de peso donde el seudónimo vale más que el nombre que con tanto amor, se inventaron los padres.

Mis amigos grafiteros poco a poco han perdido el nombre real y su tag se ha impuesto como el nombre al que responden: Numak, Salve, Skore se llaman así, el otro nombre ha quedado en el olvido e incluso el de algunos otros ni siquiera lo sé; conozco a Hok pero no a Oscar Villa. Al igual que pasa con nombres históricos que triunfaron justamente porque ocultaron sus nombres de pila: Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, podría ser cualquiera: un zapatero, o un arquitecto de media tabla, pero si conocemos que es el verdadero nombre de Pablo Neruda todo cambia, quizá si hubiera seguido con el Ricardo, no hubiese sido tan famoso pero sus poemas hubieran llegado, intactos, hasta nuestros días. Otro caso famoso de seudónimos que contribuyeron a la figura que formaron, es el de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, más desconocida en el mundo del grafiti como Gabriela Mistral. Seguramente con su nombre real no le hubieran entregado el Nobel en 1945, sería demasiado largo para el presentador y no habría alcanzado el tiempo para el discurso que ella debía leer, Gabriela Mistral funcionaba a la perfección. Como en estos dos casos, en el grafiti, el seudónimo define, de una manera tajante, quién es quién en la calle. Dice mucho de alguien que se auto bautice La Plaga o Malaleche, impone ya un horizonte interpretativo desde que uno alcanza a leer esa firma en una de sus piezas en cualquier pared. 

A veces pasa que, uno quiere un seudónimo pero antes, alguien ya se había adelantado con el nombre y entonces se recurre al número para no pensar más en cómo diablos llamarse en  paredes, postes y vagones del tren y, para darle una especie de elogio, casi secreto, a quien lo pensó primero, se ponen nombres como: Leodos, Sam tres. Rick19. Es una cadena alimenticia de nombres y números donde el primero que lo usó es el que tiene el derecho a ser el portador, casi como tener el A1 en el Super Triumph, no hay nadie que pueda quitarle ese privilegio. 

Dicen que había una banda argentina que se llamaba Cadillac 57 que nadie escuchó con mucha atención, pero luego un presentador en uno de sus conciertos, al parecer equivocándose dijo: “a continuación los Fabulosos Cadillacs” y para ellos y algunos de nosotros, todo cambió.  El nombre cambia todo, no es lo mismo Roger Keith Barrett que Syd Barret. El seudónimo potencia y define, de alguna manera, lo que somos. 

Mi madre siempre me dijo que en mi infancia había una frase irreductible que usada cada vez que jugaba muñecos junto a alguien y era “¿quién eres tú?” Creo que esa frase me la seguí repitiendo a mí mismo, frente al espejo, durante mi adolescencia, sin una respuesta concreta, muy parecido a Odiseo hablándole a Polifemo recién enceguecido. Lo mismo en mi juventud, y al no encontrar solución, he decidido irme por el camino fácil y me respondo: soy el señor ok, que no me da sosiego, pero me suena bien.