Lo Independiente Vale Más

Por: Fabián Ávila

Lo independiente siempre costará más. Lo digo porque es así. En todo el sentido de la palabra. Porque, por un lado, en un país como este, cuesta mucho renunciar al trabajo o a la educación para dedicarse a lo de uno; y por otro, lo anterior hace que su valor de cambio también deba ser mayor.

Me impresiona, y en cierta manera me raya, ver la cara de uno persona que abre los ojos cuando sabe el precio de un producto independiente. No es raro ver personas a quienes les parece caro en comparación con lo que podría costar un producto “original” de Nike o Adidas. Como si de una vez todos debieramos asumir que lo que se hace aquí, y que aparte no es producido por una gran empresa, no debe costar mucho, o por lo menos no lo mismo ni más que un producto extranjero.

Como mencioné en el primer parrafo, en un país como este, crear, constituir y mantener un proyecto independiente es putamente jodido. Los altos impuestos hacen que el costo de venta de los productos tenga que subir bastante, o que el costo de la producción deba ser bastante bajo. Para que el valor de la producción sea bajo se necesita, por un lado, infraestructura, inversión que en la mayoría de los casos es imposible hacer, o se necesita una gran cantidad de unidades producidas, lo que para cualquier proyecto independiente es impensable.

Aunque no parezca un problema, la baja producción que se maneja en la escala de una marca independiente, también es un gran obstáculo. Los proveedores en muchos casos trabajan en grandes cantidades, lo que hace que la producción de unas cuantas unidades sea mucho más costosa y hasta irrealizable. SIn contar con que encontrar un buen proveedor también es bastante difícil.

Otro factor a tener en cuenta y el cual se convierte en una de las principales barreras a la hora de iniciar un proyecto propio es la burocracia. El papeleo, necesario para constituir una empresa, y lo digo por experiencia propia, es bastante enmarañado. Es como si todo estuviera diseñado para hacerlo imposible. Cosas como lo estatus, el tipo de entidad que se quiere constituir, el contador, la junta directiva, el revisor fiscal, la declaración de renta, etc., se vuelven un monstruo con el que uno no se quiere enfrentar. Sólo pensar en todo genera estrés. No hay suficiente o adecuada información que le permita a uno sacar esto adelante por su propia cuenta. Hay que asesorarse o contratar a alguien y todo eso cuesta. Es un sistema hecho sólo para los grandes empresarios.

Y todo es una gran cadena de impedimentos. El mercado global ha hecho que la producción se concentre en China, desincentivando la producción local. A los productores locales que aún hay, les queda prácticamente imposible competir por precio. Y todos sabemos que gran parte del comercio se mueve alrededor del precio, por lo que un precio bajo siempre será un gran “beneficio” para el cliente. O si no vaya pregúntele a los productores de calzado en el Restrepo.

Pero lo que en sí podría llegar a ser el mayor problema es la falta de cultura. Esa creencia de que lo nuestro es un asco y en cambio todo lo de afuera es fantástico. Esa falta de interés por lo que se hace aquí, esa falta de pertenencia que nos caracteriza. A cuántos no he escuchado decir orgullosos y en un tono altivo que trabajan en una multinacional... ¿Ha pensado usted en manos de quién termina el dinero que invierte en un producto o servicio?¿Se ha preguntado cómo lo hacen, de dónde lo sacan?

Por todo esto es que lo independiente vale más. Porque en el momento en el que un joven decide producir y poner a la venta una colección de camisetas, grabar un disco con su música, hacer un cartel, montar una exposición con su arte o iniciar una carrera en el tatuaje para comercializarlo de manera independiente, no está haciendo otra cosa más que ir en contra de la corriente, del sistema, de un gran establecimiento. No está haciendo otra cosa más que creer y luchar por lo que es poco probable