La Renuncia A La Cultura

Por: Fabián Ávila

Sé que ya bastante se ha hablado sobre el tema del nuevo código de policía. De ello, lo que más ha sonado es el posible exceso de poder que, bajo el nuevo reglamento, puede tener un agente de policía. Lo cual al igual que muchos otros, también considero peligroso. Pero en realidad en este texto me quiero referir a algo de lo que he escuchado muy, muy poco, un aspecto más esencial. Hablo de la renuncia total a la posibilidad de diálogo, de convivencia y lo más grave:de conciencia.  

El actual reglamento  legitima y legaliza la más propia característica de muchas de las leyes vigentes y en general de las instituciones armadas: el uso del amedrentamiento. Se necesita de un agente represor para modificar o conseguir un comportamiento social, el cual se presenta en la medida que dicho agente pueda estar al frente para vigilar que así se cumpla. De lo contrario no se consigue nada. Venimos con este tipo de temores desde los primeros años de vida, algo que en cierta forma ya no sorprende.

Pero parece absurdo que se quiera prescindir totalmente de la característica que nos trajo  en el camino de la evolución hasta este momento. Esa capacidad que tenemos de entender el mundo de la manera tan amplia como lo hacemos hoy. Característica que está presente durante todo proceso de aprendizaje (no de escolaridad), de conocimiento y de conciencia.

Lo que es aún peor es que ésta sea la primera posibilidad que un estado considere para introducir un elemento de convivencia que a la final sería de beneficio para todos. No he visto, como lo hacen en algunos de sus polémicos y dudosos proyectos, el despliegue de publicidad por los diferentes medios de comunicación en campañas que mencionen la importancia del respeto hacia el espacio público, lo bueno que sería que algunos amos inconscientes recogieran la mierda de sus perros, la importancia de identificarnos como comunidad, de reconocernos.

Sin olvidar que además de la conciencia y la cultura se deja de lado por completo el análisis y la evaluación. ¿Cómo es posible que un estado pretenda reprimir el trabajo informal de un día para otro sin establecer medidas que garanticen el derecho para todos los ciudadanos de manera igualitaria? O sin ir tan lejos. ¿De cuándo acá este mismo y cínico estado puede dar clases de buen comportamiento ciudadano sin proporcionar la infraestructura necesaria para que así suceda? Faltan miles de canecas para la basura, faltan campañas de educación que promuevan la correcta disposición de residuos, falta señalización, falta sobre todo un diálogo directo con la ciudadanía. Falta mucho y lo más gracioso es que supuestamente todo esto es analizado y avalado por expertos, imagínese si no...

Para terminar sólo quisiera aportar algo de sentido común. A futuro es mucho más sencillo, seguro y barato que las personas adquieran hábitos de convivencia por convicción propia. Esto incidiría de forma directa en las generaciones que vienen y en sus comportamientos sociales. Lo que quiere decir que en el curso de los años tendríamos una sociedad consciente y capaz de convivir sin necesidad de multas, ni de agentes represores, ni de amenazas. Lo que en definitiva ahorraría mucho.