Business Is Business

Por: Señor OK

Te escriben al Instagram. Quien te escribe muestra interés en tu trabajo; llevas ocho o nueve años en esto, tu trabajo, el trabajo de muralista, de grafitero. Te pide un número de teléfono para escribirte con más calma (usa esas palabras: “más calma”). Escribes el número y al instante aparece una notificación en el whats app. Quieren una reunión, para que conozcas el proyecto. Lo más pronto posible, dice el mensaje. Cuadras una reunión para esa misma semana. Te emocionas. Alguien ha pensando en el trabajo que haces en la calle. Te van a pagar por él, por tu trabajo. Te vendrá bien porque además sigue un mes donde tendrás que pagar unos gastos extra, además del arriendo y los servicios públicos.

El sitio es un hotel, está en construcción. Quien te escribió se presenta con amabilidad. Te muestra el hotel, te indica lo que quieren hacer: que el hotel respire lo que respira la calle. Por eso quieren invitar a grafiteros a intervenir los espacios. Podría quedar muy bien, dice el hombre, lo escuchas y te muestras de acuerdo; lo estás. Quedas en enviar una propuesta y un presupuesto.

Envías algunas imágenes que se puedan adaptar a los espacios, todavía no tienes un muro definido, así que propones varias posibilidades. Adjuntas un presupuesto que te saca un par de canas. Debes cobrar bien por un trabajo para una empresa tan grande, te dices con convicción.

Te citan a una nueva reunión. Esta vez hablas con otra persona, al parecer uno de los socios. Primero te confunde con otro grafitero y te habla como si fueras el otro, lo dejas que incurra en el error por un momento, pero luego le explicas el traspiés. Le dices que no importa, en todo caso los grafiteros no tenemos rostro, o intentamos no tenerlo, le dices al hombre que muestra una sonrisa alambicada. Se disculpa varias veces, hasta que te dice que tu trabajo es el mejor de la ciudad. Quiero que hagas el muro más grande de la entrada, propone el hombre, y te muestra los planos en una imagen. De nuevo insiste en tu talento, le agradeces con una falsa timidez, sabes que tu trabajo ha mejorado, pero no es para tanto, es tu trabajo al fin y al cabo. El hombre te propone una serie de proyectos, te dice que podrías pintar en otras ciudades, incluso en otros países. No importa el presupuesto, te dice el hombre, hay que llegar a un acuerdo. Contento le estrechas la mano y te despides con una sonrisa en la boca.

Envías un primer boceto, que es rechazado, envías un segundo boceto, y te piden otro más, lo envías.Te citan a una nueva reunión.

El hombre que parece socio, te saluda, esta vez está con otras personas, te hace esperar un momento. Luego te dice que el muro de la entrada lo va hacer otra persona. Porque no tenemos tiempo, agrega. El tiempo es lo más importante. Te dice que te puede mostrar otros muros, pero sobre todo le interesa hablar del presupuesto. Te muestra dos muros minúsculos y te insiste en que es muy importante el presupuesto, bajar el presupuesto. Business is bussines, te explica. Ves que ya hay muchos muros pintados con graffiti, le preguntas al hombre que parece socio y te dice que el fin de semana pasado hizo una fiesta, invitó a varios grafiteros de la ciudad y les dio pizza, cerveza y sobretodo muchos aerosoles. Trabajo gratis, piensas, pero no le dices nada. 

Llegas a tu casa algo mareado, no entiendes muy bien el cambio vertiginoso en el panorama, piensas en el mes siguiente: amargo, medido, quizá flaco, pero también piensas en tu dignidad. Trabajas en la calle, lo has hecho desde hace ocho años, tienes un oficio y sobretodo piensas en que lo que haces no es un negocio. Te duele que los demás grafiteros se coman el cuento, que trabajen por una pizza y cerveza, o por promesas de pintar en otro lugar, como perfectos decoradores de interiores. Sabes, entiendes que de algo hay que vivir, pero la calle merece respeto y si un hotel quiere respirar calle, debe antes que ganarse su respeto, el de la calle y el de quienes nos dedicamos a rayarla.

Te sientas a escribir un correo para declinar la amable invitación, businessisbusiness, escribes al final y una sensación de tranquilidad te invade en todo el cuerpo.

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