Rama y La Acción Política Del Graffiti

Por: Carolina Hidalgo

A partir de esa "energía", esa porosidad de la cultura; de la permanente tensión entre los poderes hegemónicos y "la organicidad" de los pueblos; nace la preocupación de los estudios culturales por leer la cultura como un territorio heterogéneo e híbrido, en constante movilidad. En su obra crítica La Ciudad Letrada (1984), Rama elige la lengua como escritura y voz para darnos pistas de: cómo  la matriz colonial se valió de la escritura para ejercer su imposición, dominación y exclusión. En "el encubrimiento del otro" (palabras de Enrique Dussél) se usó la escritura como un dispositivo para organizar y reproducir las ciudades coloniales. La corona dispuso de su séquito de profesionales para agenciar las leyes, la moral, la educación y el orden en la Abya Yala. Especialmente, Rama enfatizará en el poder de la escritura para organizar el pensamiento como un producto cultural. 

El proceso de institucionalización de la colonia fue la imposición de otra lengua (el castellano, en otros lugares el inglés o el francés, etc.); otra religión (católica), otros ritos y sentidos (pre capitalismo). Realmente, estas prácticas ocultaron las sabidurías ancestrales propias porque los pueblos indígenas fueron violentamente marginados y reducidos a las periferias de las ciudades coloniales; su participación y voto fueron acallados y "normatizados". A la par que nacía una clase de "burócratas de la tinta" ("mendigos de la corona") quienes movían el consumo suntuario; estereotiparían el poder y el conocimiento para acentuar la subordinación del otro a través de su discurso alienador (netamente eurocentrista). Hoy en día, las ciudades de América reproducen este orden centralizador para movilizarse dentro de su matriz (ahora capitalista).

Sin embargo, este dispositivo cultural que es la escritura saldrá de la hegemonía de los llamados "letrados" (de sus grandes bibliotecas de autor-referencia) para reivindicarse en su tecnología anárquica que es pertenecer "a quien la aprecie" (la escritura no tiene dueño para "sentipensarse" si es que hablamos de la epistemología del corazonar como nos invita el antropólogo Patricio Guerrero). Este artefacto cultural en otros espacios nace en las noches de aquellos necios que "no le copian a la nota de la institución"; de aquellos quienes deciden escribir en sus propios códigos y sentidos. 

El graffiti es una escritura anárquica que hace parte del "sentipensarse" de la ciudad real, que solo necesita de las paredes de sus calles; los pupitres de las instituciones y todo lugar donde la norma sea romper la regla; la escritura es anárquica porque expresa otras fuyerzas epistemológicas que hablarán de la ciudad oculta, periférica, iletrada, más viva que nunca. 

Para Rama, el graffiti  revela una acción política de los marginados, los iletrados, los necios, los incómodos, frente a la ciudad escrituaria que ha sido impuesta desde la ley y que opera intransigentemente sobre la vida de otros. Es así como el autor retoma una historia del graffiti en América en el siglo XVI; después de la derrota Azteca de 1521 en el botín de Tenochtitlan aparecen las quejas escritas por Bernal Díaz del Castillo y de algunos españoles, sobre las constantes apariciones de escritos burlones, contestatarios, amenazantes e irónicos sobre las paredes del palacio de Coyoacán donde se hospedaba Cortés. Rama nos cuenta que: 

Sobre la misma pared de su casa Cortés los iba contestando cada mañana en verso, hasta que, encolerizado por las constantes réplicas, cerró el debate con estas palabras: "Pared blanca, papel de necios". Restablecía así la jerarquía de la escritura, condenando el uso de muros (al alcance de cualquiera) para esos fines superiores. Simplemente certificaba la clandestinidad de los graffitis, su depredatoria apropiación de la escritura, su ilegalidad atentadora del poder que rige la sociedad. (Rama 1998, 50)

Entonces, se puede decir que el verdadero objetivo del graffiti es incomodar ese orden pretendido por los discursos verticales, excluyentes y amenazantes de la diversidad de nuestros pueblos. El graffiti es la conciencia "estrepitosamente silenciosa" de la ciudad real; no necesita de estructuras o reglas gramaticales para ser signo de las fisuras que dentro de los sistemas aparentemente hegemónicos, se agrietan noche a noche.

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